AQUARELA

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Perdimos la brújula y dejamos de caminar. Encontramos lugares cómodos en dónde descansar. Y nos quedamos mucho tiempo…

Tantas vueltas al sol, que me dio por repasar, por rebuscar, por apearme mareada en cada estación de mi cuerpo. Detrás de ventanas y ventanas, mientras la primera vez que soplamos las velas juntos. 43 tartas…Detrás de esta libreta, vieja como nosotros.

Una década!.

He regresado enfrente de un río. Observé a dos cisnes convertidos en patos. Desde una orilla, la otra. Antes y después de nuestra partida, y antes y después de nuestra arribada. Enfrente de una pequeña embarcación de madera, rodeados de gaviotas…

¿Cómo se construye un nido?…He regresado con algunas respuestas. También a mi Ría. Y a otro relatito de saudades en bares de tabaco con olor a costo. Qué tan gratos para conversar… Con Fito y la humedad femenina recorriendo por las venas.

Estoy, ahorita mismo, transportándome gracias a una auténtica máquina del tiempo.

Desde donde admiro mi tarta BOMBÓN.

Desde tan lejos en el tiempo, me saben esperar para cortarla! Mientras llego…

Es muy difícil estar quietos, seguir sedentarios.

Ocuparnos, en estos momentos, es lo fundamental para no perder la cabeza. Deberes. Mantenernos al acecho, en este universo de cambios. Para no bajar los brazos, buscar nuestra brújula para regresar, a algún otro camino.

Al Amazonas, y a cada paso de caminos de tierra, piedras y estrellas.

Soplo mis velas.

No bajar los brazos, Che.

 

 

 

 

 

 

 

 

PORQUE HOY ES SÁBADO,

PORQUE HOY ES SABADO

 

Porque hoje é sábado…

 

Yo era un gran surfero, surfeando por el mar.

Pero después una ola gigante se abalanzó y me llevó hasta la orilla del mar.

Me levanté, me tiré al agua, esta vez a buscar tesoros.

Después de coger todos los tesoros que había,

no encontré el camino para volver a casa.

¿No encontraste?

El camino para volver…

Le pregunté a todos los animales del mar, pero no me supieron decir cuál era

la salida.

 

No habían parado de moverse y,sin embargo, estaban encerradas.

Atrapadas por cuerdas terribles, ancladas a la madera de la tierra.

Como si el carcelero tuviera sus propios límites, expectativas, sus propias

formas y aristas. Y ellas hubieran sido devoradas por aquella mierda.

Y, sin poder hacer nada, quisieran escapar.

 

En cada una de las generaciones pasadas, una vez y otra, en cada repetición,

en cada brote verde, en cada rama, en cada sendero… Germinaba!, como por arte de

magia: el marinero.

El humano amante de la mar.

Tu abuela, tu bisabuela, tu tatarabuela, tu madre.

Todas murieron en la mar.