CAMINAR,

caminar-xiimbaj

Aquel día decidieron caminar mucho.

XIIMBAJ.

Caminaron mucho durante 7 días sin parar por las cordilleras de Lesotho. Fueron los primeros pasos, los del primer par necesario. Y un poco después, de la barriga de la mujer nació la abundancia con cabeza de berenjena, del segundo par, el segundo de los varones, el elegido…Y caminaron mucho por donde el águila se encontraba a la serpiente encima de un nopal sobre la laguna, la ciudad marcada con una x en los mapas de sus libretas de viajes: atravesaron las autopistas en horas punta hasta donde habitan las ardillas, justo cuando el primero de la cuarta generación d’Amadores decidía sus propios pasos, chistosos pasos de rumba entre la gente que va y viene…Caminaron lo más lejos que les llevaron sus PROPOSUEÑOS, a escasa velocidad, agarraditos de la abundancia. Acumularon lo que les cupo entre sus manos y crecieron para tener más manos, bordeando las orillas; Y más primos y más hembras. Y después, entre los libros de las estanterías de la biblioteca de la primera planta de la casa del abuelo, hasta un sofá de dos plazas duras en aquella habitación sombría donde ocuparon tres maletas abiertas. Atravesando el horizonte, aquel día decidieron lo insólito! El desafío de la transformación de solteros citadinos rodeados de individuos bajo tierra, a familias nómadas con arcos y jarras para la caza y las moneditas, una aventura de sedentarios a nómadas. Yo me encomiendo a tí, virgen de las andanzas!, susurraron mientras el primer caballito de MEZCAL añejo. Y a la vez, se besaron, una vez más, una última?…Caminaron la locura de crecer hasta el segundo par, completamente innecesario. 9 lunas después, entre mantas, bordeaban la otra orilla, saltaban rocas cuando todo se hizo lo más pequeño que nunca imaginaron, del tamaño de una cuadra por la sombra, la distancia corta del airecito del ventilador rotatorio en movimiento, de la silla de la abuela al agua de sandía que se enfría en el refrigerador. Llegaron al lugar! , pero…con un bebé entre sus brazos prosiguieron el camino, por delante de sus pasos. Salieron de la casa, los perros corrieron a por las bolsas de basura mordidas de los vecinos, expandieron sus desperdicios, ensuciando las calles del fraccionamiento, hacia el mejor de los mundos posibles para dos burgueses, come mierda de ciudades. Gritos y más gritos desde las palapas de la plaza por los caminos de piedra hasta la rotonda donde la parada del colectivo.

Jet Lag, así se hace llamar

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