REGRESAR,

REGRESAR a un lugar donde nunca he estado.

Es domingo, de “esos días antes de nosotros”, solitarios, resacosos, aburridos.

Sin lectura, pero…con buena música cuando nuestra colección de vinilos

ahora en spotify”. Y antes, cuando no nos conocíamos pero vivíamos en la misma ciudad

como tantos otros sin saberlo, desde fronteras por mar y tierra.

Es domingo y estamos juntxs, somos todxs, AHORA son días libres para disfrutar de

NOSOTRXS, en un contexto nuevo

todavía sin reposo.

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No solo me refiero al camino, a los transportes, a las distancias y al aprendizaje desde los

brazos maternos, ni a los aposentos en las diferentes paradas…tampoco a través de los

pasos de este blog, desde que comenzamos el mejor de los viajes.

Abandonamos nuestros perfiles anteriores, individuales, y nos desprendimos de todas

nuestras posesiones, en cierto sentido, monjes, seguimos viviendo de las limosnas de

nuestros legos.

Aquí y allí.

A la fuerza hemos ido creciendo y nos hemos cargado de razones y hemos ido perdiendo

peso, caminando. Noches de “botitas con tierra bajo la luna” nos han juntado bajo los

árboles a cocinar para nuestros amigos, fantasmas y ancestros,

aquí y allí: seguimos trepando fuertes.

El nostre lloc, aquel lugar físico que invoco cuando cambiamos de casa para tranquilizar a

Lucas y a la Negra, con mantas y cojines, no ha parado de moverse alrededor de nosotrxs.

Que a su vez no paramos de movernos alrededor de las corrientes de aire, sobre el mar y las

montañas, como las hojas o las mariposas del Otoño. Migrantes de un lugar al otro por la

ciudad, outsiders del sistema, nómadas, ahorita en otra pausa.

Sería mejor aprovechar el sol después de tantos días de lluvia para secar la ropa, de suma

urgencia, lavar y secar nuestros cuerpos, tareas y rutinas en stand by,

diumenges.

Regreso delante de una puerta de madera, me siento en los últimos escalones que suben al

“terrat de las palomas” y respiro hondo cuando descubro las torres, dejo las bolsas de la

compra en el suelo, jadeo y muy probablemente, me enciendo un cigarro.

Me decido,

mejor HOY duermo.

AHORITA, BEJLA’E’

CRUZTODAS Y TODOS

TODAS Y TODOS

Ahora es para disfrutar

Llueve y no tenemos luz, ni gas, ni auto, ni comida, ni frigorífico, ni podemos hacer la colada. En la mañana compramos 3/4 de pollo para pasar el día. Caminando, cuando escampe, podremos llegar con la linterna hasta el cruce de la carretera, donde los tacos de costilla. Esta podría ser la cena. Si conseguimos que Luck nos acompañe…porque sigue sin poder caminar “largas distancias”. Enfermó. Tenemos que aguantar así hasta mañana a las tres cuando probablemente nos llegue una bombona de gas recargada, entonces podremos comprar los hielos para las cajas del OXXO, y guardar la poca comida que podamos conservar, aunque las últimas noches son de ayuda porque llegan bastante frías. Para cubrirnos utilizamos la manta verde que nos acompaña desde la India. Nos quedan muy pocos pesos y nos deben tres días de trabajo.

Ahora es para descansar y también para resistir: No saldremos huyendo a la primera de cambio, somos nómadas porque así lo decidimos, caracoles en manada. Contemplar, escribir, acompañar a Annia, escuchar cómo cae la lluvia, cómo la tumbona mece al vecino y oler a perro mojado. Recordamos a quienes nos acompañaron en el camino, a los que nos ayudaron a llegar hasta aquí y nos abrieron sus casas, como un ritual de parada, a nuestros compañeros de viajes y hermanos. Agradecemos.

Ahora No. Mejor el ahorita mexicano.

Leer con la beba, practicar la esperanza y enseñarnos la lucha, la inteligencia y la estrategia. No son los nervios unos buenos consejeros, hoy no decidimos, salimos adelante, pensamos, repasamos objetivos lejanos, nuestros propo-sueños descritos atrás cuando partimos, y por vislumbrar, la fortuna en nuevos destinos desconocidos, encontramos el paso que sigue, adelante, y sonreímos entre la humedad. Repletos de instantes emocionalmente encontrados, prolongados, pausados, incómodos.En una choza donde no llega internet sí que tenemos una botella de 2 litros de coca-cola encima de la mesa.

Ahorita,

ahorita

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OTRO GRAN VIAJE

OTRO GRAN VIAJE

Discutiendo alrededor de la mesa de la cocina con quien nos queda de la familia que nos acogió cuando la arribada, las posibles opciones para acercar los 1.300 kilómetros aproximados que separan el puerto de Veracruz de Tulum, decidimos que es mejor enviar por avión pequeño un primer centinela con poco equipaje y un bajo, para que nos avise en cuanto vea posibilidades para este clan sin rumbo, vulnerable familia Billy Jones, excesiva.

De unas preciadas vacaciones en la Riviera Maya a la separación forzosa, en menos de una semana, él regresaría al paraíso de la costa, al infierno verde de los españoles, “alone”, a buscar las propinas en dólares de los US para comprar los pasajes de regreso para el Gran Avión, y ella esperaría (im)paciente a que llegaran las buenas nuevas en telegramas modernos, en zona wifi, con sus “chamacos” y sus perros, “a lo mexicano”.

Nosotros,

Nosotras y EL,

así es cuando se separaron nuestros caminos, de mutuo acuerdo, que dicen.

Cómo se dividieron las partes: por una cuestión de azar y una fe ciega en el triunfo, Otro Gran Viaje en sus mentes, nuevos y viejos proyectos fusionados, la multiplicación de sus propo-sueños en tierra virgen, y siempre el deseo latente de recuperar su intimidad, en cada poro de su cuerpo agujereado por los calores del trópico.

Otro desembarco a cuestas, de vuelta a las maletas y a las horas transportadas.

¡Para qué?

20 de Diciembre de 2015:

“Llegamos y todo estaba por construir…

Nos vamos y todo está por construir.

Por el camino las risas que compartimos”.

POR CONSTRUIR

26 de Diciembre de 2015

“Una nueva vida por vivir, una nueva piel por curtir, una nueva lucha por continuar, un nuevo regalo para nuestros sentidos”.

17 de Febrero de 2016

FAMILIA BILLY JONES EN TULUM

“Unos meses después llegamos hasta Palma Chat 61. Hogar nuestro desde Padilla. Bonito el camino, muy lindo”.

 

YAAN

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Al parecer no vendimos nuestros sueños

No cambiamos de parecer a la primera de cambio

Y No escuchamos a los que nos auguraron malos viajes sin retorno

– CONTRERAS-

Simplemente nos agarramos de la mano con fuerza

el amor y la esperanza en nuestras mochilas, la comida

el miedo a nuestras espaldas, de sedentarios nos convertimos en nómadas

como propósito y en el camino, con cada huella

hasta llegar a donde un día construyeron una civilización los mayas

sobre el acantilado, frente al horizonte donde nuestras miradas se pierden

una cosa después de la otra, encadenamos contextos

decisiones horribles, discusiones y desapegos en el camino:

nada es sencillo cuando se vive, luego es más fácil cuando se cuenta

en movimiento, detrás de nuestros pasos. Todo.

Y Todos.

Los que se acostaron “apretaditos” junto a nosotros

la familia que elegimos cuando anochece para buscar la luna y mirar a las estrellas

desde San Cristóbal de las Casas, desde Oventik, gracias a los “compas” zapatistas

fue una cuestión de hacia dónde mirar: de objetivos, de rebeldías y de resistencias

seguimos, a pesar de la enfermedad.

 

Aprendemos a atravesar las selvas del infierno verde, hasta los cenotes.

 

PD: Yaan

Casi tres años después comprábamos un diccionario en el aeropuerto de Cancún, mientras esperábamos un vuelo para regresar a Veracruz, y buscábamos el significado de tu nombre:

SER, EXISTIR, TENER

UNA SANGRE

 

 

 

 

 

 

COMANDANTA NESTORA

COMANDANTA NESTORA

Hasta que los pueblos unidos mexicanos se levanten en armas contra sus gobiernos, policías y jueces mafiosos, criminales, corruptos; sólo entonces seguirán las víctimas poblando de fosas comunes las tierras comunitarias de las tribus originarias, pero entonces, habrá una llama viva, la que cuidan los maestros en cada niño, en cada escuela.

Hasta entonces habrá esperanza.

COMANDANTA NESTORA

Nos sobran los teóricos de la Revolución

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Giré la llave de la ducha y comenzó a caerme la esperanza, como con cuenta gotas, cuando ya ni recordaba la lengua de mi madre, paralizada como vivía, encerrada sin caminar.

Eran pocos los sonidos, “bronquidos”, los que hacía servir para comunicarme con mis perros, pájaros y caracoles; ellos eran mi única familia. Desde lo profundo de mi los llamaba. Y los amaba.

Todas las mañanas les abría las ventanas para que marcharan del laberinto, la maleza había complicado los caminos de estar por casa y lo más sencillo era saltar al exterior, de cabeza; algunos se habían ido de mi lado definitivamente, y muchos se perdían y regresaban, trepando por las paredes en busca de comida: gusanos, saltamontes, ratas… Así es como yo me entretenía.

Observándolos, contándolos, nombrándolos, reconociéndolos. Admiraba sus juegos y sus atrevimientos e imaginaba sus otros caminos, sus otras casas, sus otras compañías, y a veces sentía celos. También los veía morir en el intento, inevitablemente, hasta la semana pasada.

Una única llave de hierro oxidada, pesada, colgada en una percha dentro del armario del cuarto de baño, era la única que abría la puerta de la sala que daba a la calle.

No sé qué día desapareció.

Cerré todo a cal y canto, me entró el pánico y comencé a sospechar de cada uno de ellos: alguien de la familia me la había robado! pero sin poder estar segura de si él, “el ladrón”, seguiría aún dentro, cerca, probablemente no, ni de sus macabras intenciones, barrí varias veces y limpié las paredes, corté los tallos, seguí rastros pegajosos entre las hojas, abrí cañerías, traté de recordar los movimientos de entrada y salida, las defunciones… todo sin éxito.

Los “bronquidos” se transformaron en gritos de guerra, de repente, mis capacidades comenzaron a crecer desde las raíces del jardín, y con mis ramas me preparé, con todas las armas que había fabricado para un posible asalto, dejé postergado el interrogatorio; el castigo colectivo sería el encierro y yo me asfixiaría con las ventanas cerradas.

NAJ

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La historia que voy a contaros comienza en la habitación grande de la casa; una habitación recién estrenándose en un Año Nuevo en el trópico. Todavía con no demasiado calor, aunque funcionen los ventiladores casi siempre, durante el día y por la noche.

Una casa en mitad de los manglares y del agua estancada de la selva, a varios kilómetros del mar Caribe, entre tábanos, arañas, hormigas, mosquitos y mariposillas, escarabajos, pulgas y garrapatas: todos compañeros molestos, presentes en tantos momentos, a tener cuidado, en guerra por el espacio, nuestro.

Un recodo en el camino, uno de tantos asentamientos para el descanso de pies, rodillas y almas, campamento base para respirar hondo y reflexionar, escribir, trabajar y descubrir…el nuevo escenario del crecimiento de nuestros chamacos; una parada en este largo viaje que emprendimos, vamos a cumplir un año desde que nos subimos al avión transatlántico.

La casa de los amigos, de los músicos y del amor, de la familia y de nuestros perros, ésta es su transición; todos llegamos a ella desde nuestros rumbos, y está siendo transformada. Agujereada, aseada, liberándose de sus moradores insectos, de las telarañas…Arrollada por las circunstancias, convertida en guarida de mamíferos.

La casa de las mujeres y de los hombres, de los que componemos este colectivo, la casa de varias familias que comienzan a organizarse y a ayudarse con objetivos comunes: que no se pudra la comida, que no nos quedemos sin agua o sin gas, que nuestros perros no escarben en la basura de los vecinos, que no vengan los otros a cagarnos la entrada, y que los músicos se pongan a tocar y que los artistas se pongan a producir y que las mamás jueguen con sus chamacos, y que la escritora siga con el blog…

Una casa todavía sin internet, sin agua caliente, sin lavadora y sin frigorífico, sin sofá, incómoda, llena de visitas…pero una casa que nos permite, ser la familia que ahora somos- ser autónomos, y ojalá, llegar a ver cómo se van cumpliendo todos nuestros sueños, por primera vez.

Una casa pequeña para todos los que estamos, de alquiler asequible, en un fraccionamiento a las afueras de un pueblo pequeño, turístico unas temporadas del año según nos han contado los que se mudaron antes que nosotros, los que ya le encontraron el cómo, los que nos hablan de que “aquí hay jale”, y los que se quejan de que los turistas quieren pagar menos que los mexicanos.

Esta es la historia de una familia que se configuró en un apartamento de ciudad, la Familia Billy, lejos de aquí y ahora, en un país rico, desarrollado, capitalista… rodeados de grandes amigos, de la familia materna, del amor y de la pasión; allí donde trataron de prosperar durante unos cuantos años, pero no lo consiguieron. Desde allí partieron y hasta aquí llegamos, pasando por el Puerto.

Allí, los Billy día a día tejieron un laberinto del que pensaron que no podrían escapar, hasta que dibujaron el  plan que resolvería las encrucijadas varias que se habían planteado, descrito a través de los diferentes propo-sueños, como resultado del cual se enfrentarían al caos diariamente y descubrirían el paso hacia lo siguiente. Y nada más.

Y nada menos.

Esta es la historia de una arribada en común a través de muchos pasos para poder ser uno mismo, de la entrada por una única puerta, la delantera, hacia la casa albergue de cada uno y sus circunstancias, de un pasado singular y de un futuro que es mañana, o a la vuelta de la esquina.

Y en este principio que es el final de otra gran aventura y fracaso, nos tuvimos que despedir de quienes fueron nuestros acompañantes, de nuestros hermanos y de una gran amiga, para bendecir un lugar remoto, desde donde lo que se divisa al otro lado de la carretera es como si sucediera en otro continente.

Un cúmulo de complicaciones multiplicándose diariamente, un no parar con cada sol, con los “chamacos” a cuestas, y con el dálmata Lucky enfermo, dan comienzo a un nuevo año, en el Trópico mexicano…

NOSOTRAS

Paseo con La Negra Flor

POR FIN TE ENCUENTRO!

 

DSC06531.JPGEva me tocaba en el hombro; esto está muy concurrido.

Los dos nos quedamos como chismosos hasta el final de aquella representación, hasta que por fin fueron pagando y se fueron marchando  y nos quedamos a solas.

Dos animales insignificantes.

Sólo fue una pregunta, ya se había hecho tarde y se emplazaron mejor para otro momento: ¿Cómo sería el mejor viaje del mundo?

Trataré de reproducir fielmente lo que escucharon mis oídos.

Seguramente como es: un viaje en compañía del enamoramiento y del amor, bajo la lluvia y sobre las piedras, también. Resbaladizo.

Un guiño a lo invisible, una plegaria a la virgen, una bocanada de oxígeno sobre el Altiplano de Bolivia o la mirada del mundo desde el Everest, pero con los dedos congelados.

Una aventura colosal cotidiana, no unas vacaciones sino un cambio trascendente desde las raíces hasta la conciencia.

Encontrar unas coordenadas humanas, partir y sufrir, apasionadamente.

Perdernos y encontrarnos, conocernos y reconocernos en los otros pasajeros y paisajes, y reconciliarnos con las diferencias; humildemente pedir asilo a cambio de plática.

Compuesto por los pequeños placeres, los envoltorios olvidados de los grandes regalos que la mayoría pudiente le exige a la vida, por los infinitos tiempos para gozar y reír. Saltar y esperar y temer y reflexionar y cambiar.

Un viaje que nos permita ser madres y que nos recuerde que somos Tierra, que creamos vida, que tenemos el don de reproducirnos y la obligación de enseñar para sobrevivir y subsistir en la hostilidad y crueldad del entorno salvaje, con cada ciclo, en cada paso, poco a poco.

Un camino que nos cuestiona sobre la esencia, sobre los elementos que nos acercan a nuestras culturas, a nuestras lenguas y a las músicas de nuestros ancestros.

En definitiva, la vida en común- las letras de las canciones que cantamos cuando estamos de buen humor.

AMORCITO

 

 

 

 

ANIVERSARIO

Había pasado.

Un año después, algunas cosas habían cambiado.

En primer lugar, la obviedad: el propio hogar, la ubicación de la familia Billy Jones definitiva y al completo en otra cocina, dormitorio y cuarto de baño, así como su lugar en el universo, los mapas propios y ajenos, el individuo en el colectivo, la itinerancia y su viaje, la parada y su espera.

Con la arribada al Viejo Puerto descubrieron otros caminos al Zócalo, los negocios sin gente, los “nortes” del invierno y las estaciones en los mangos, bostezo a bostezo, a cámara lenta, con los primeros despertares, el reencuentro con los que nunca se fueron y los que habían regresado.

Día tras día la marcha se fue postergando y nuevamente de nómadas a sedentarios, poco a poco plantaron su campamento junto al patio y dejaron descansar sus pies, donde las botas de sus antepasados, cerca de los vivos y de los muertos.

En esta ingravidez fue creciendo en ella la resistencia, en forma de animal felino, femenino, a las altas temperaturas del Trópico, a la humedad y a la fauna y flora de los olores propios y ajenos:

En este año que ha pasado he descubierto a la tribu y he recopilado pedazos de historias de proyectos en estado de precariedad, en un álbum recién estrenado…

También he reconocido la decadencia y el miedo en una Ciudad del Golfo de México llamada Veracruz. 

Me he conseguido acomodar gratamente, le he ganado horas al tiempo para retratar a mi compañero de aventuras, su infancia y el devenir, saborear los placeres de una vida tranquila sobre un pasto violento. Un descanso para escuchar atentamente las rebeldías que nos quedan a los de abajo contra el Sistema.

En botas propias, mojadas y enterradas en el barro de las colinas de Chiapas, y por bocas ajenas, Pecasvil sumergida en las extrañas palabras de lenguas por compartir, visitaron una y mil veces después, el Registro Civil donde, en el mismo libro de Yaan Solo, mojaron en tinta negra la huella del pie de la princesa Annia. 

 

 

 

 

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