TO LEAVE

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Otra vez, perdida, atónita. ¿Paralizada?

Dolorida. But she does not want to scream (and she does not want to hate).

She dreamed she was a rock on a corner, a rock with a smile. A place to sit and wait to see what is gonna happen. As calm (and happy) as possible!

La puerta se iba a cerrar, el ascensor señalaba hacia abajo, el agua le cubría hasta los tobillos. Debía marchar, eso era lo inmediato, llegar hasta la portería y abrir la puerta para salir de allí. Para escapar al exterior de la vivienda.

El agua debió de borrar las escaleras.

¿Eso era lo mejor?

Sí, eso era.

Leave. Exit. Peacefully. Search for a better place. Save her life.

El botón seguía encendido pero las puertas no cerraban. Repitió la acción mientras escuchaba los gritos fuera de su cabeza. Sudaba. Keep calm and press the right button. And she didt it. She closed her eyes. Otra vez las puertas se cerraban. Bajando. Impares. Latía. Pero de pronto, súbitamente, otra parada. Alguien le había llamado. ¿Mujer?. Latía. ¿No?, ¿Nadie?. Y si no había nadie…Todo latía.

Se habían borrado las escaleras…El ascensor era su única vía de escape. Miró a un lado y a otro, hacia afuera, qué extraño!. Aterrada, el agua bajo sus pies no subía ni bajaba, ni salía, ni entraba, y el ascensor funcionaba sin cortacircuitos. Otra clara señal de que aquel no era su día: comenzaron los temblores y las ganas de cagar.

Do not leave your home. Do not leave your children.

No debía llegar tarde a recoger a los niños del colegio. Mientras se observaba en el espejo y se agarraba sus pelos naranjas, mientras le aparecían sus pensamientos en voz alta, garabatos repetidos, llegó hasta un parking, posiblemente sin darse cuenta, había pulsado el número incorrecto, abrió la puerta con decisión.

No me importa! Aquí estaba.

Enfrente de otra puerta cerrada, con los pies mojados y unas llaves en las manos. ¿Casualidad?. Nada tenía sentido y todo giraba como la noria. Todas aquellas intenciones locas, disfrazadas de palabras. Ella tenía este tipo de problema. SHE HAD A PROBLEM. Desde que era niña. La habitaban y la acosaban, la rodeaban y la asfixiaban. Y conseguían borrar las escaleras. Piedras, gases mortales…Dispararos desde su boca.

A las cosas por su nombre.

She was a slave.

 

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NOS SOBRAN LOS TEÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN

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Giré la llave de la ducha y comenzó a caerme la esperanza, como con cuenta gotas, cuando ya ni recordaba la lengua de mi madre, paralizada como vivía, encerrada sin caminar. Eran pocos los sonidos, los “bronquidos”, los que hacía servir para comunicarme con mis perros, pájaros y caracoles.

Ellos eran mi única familia, desde lo profundo de mí, los llamaba. Y los amaba.

Todas las mañanas les abría las ventanas para que marcharan del laberinto, la maleza había complicado los caminos de estar por casa, y lo más sencillo era saltar al exterior, de cabeza. Algunos se habían ido de mi lado, definitivamente, pero muchos se perdían y regresaban, trepando por las paredes en busca de comida: gusanos, saltamontes, ratas…

Así es como yo me entretenía. Observándolos, contándolos, nombrándolos, reconociéndolos. Admiraba sus juegos y sus atrevimientos e imaginaba sus otros caminos, sus otras casas, sus otras compañías, y a veces sentía celos.

También los veía morir en el intento, inevitablemente, hasta la semana pasada.

Una única llave de hierro oxidada, pesada, colgada en una percha dentro del armario del cuarto de baño, era la única que abría la puerta de la sala que daba a la calle.

No sé qué día desapareció.

Cerré todo a cal y canto, me entró el pánico y comencé a sospechar de cada uno de ellos: Alguien de esta familia me la ha robado! Pero sin poder estar segura de si él,

“el ladrón”, seguiría aún dentro, cerca…Probablemente no. Ni de sus macabras intenciones…Barrí varias veces y limpié las paredes, corté los tallos, seguí rastros pegajosos entre las hojas, abrí cañerías, traté de recordar los movimientos de entrada y salida, las defunciones… todo sin éxito.

Los “bronquidos” se transformaron en gritos de guerra, de repente, mis capacidades comenzaron a crecer desde las raíces del jardín, y con mis ramas me preparé, con todas las armas que había fabricado para un posible asalto, dejé postergado el interrogatorio; el castigo colectivo sería el encierro y yo me asfixiaría con las ventanas cerradas.

PLACERES DE UNA VIDA TRANQUILA

LA SIESTA
LAS HORAS DE LA SIESTA

Un día cualquiera-4

Las horas de la siesta, mis recuerdos lejos, tu sueño y la lectura.

Cierro las ventanas y corro las cortinas, y así nos protejo de la luz, del calor sofocante, de la humedad de las lluvias, del ruido de las máquinas, del trajín transitar casa-esquina-taller de la familia y de los empleados de la imprenta, del ladrido de los perros, doy la bienvenida al dormitorio de la abuela, a La Negra y al Tóner que se suben a la cama con nosotros, Lucas se queda afuera.

Nos aíslo en un espacio-tiempo de paz, calma y descanso, generalmente antes de la comida porque el Yaan bebé llega cansado de la guardería. Enciendo el ventilador en su primera posición oscilante, y el clima a veinticuatro grados; así nos vamos recuperando del caminar desde la escuela cruzando de sombra en sombra, a las dos de la tarde, poco a poco, mientras nos desvestimos y la habitación se enfría. ¿Hasta cuándo este infierno?

Recobramos el control de nuestros cuerpos y dejamos de sudar, nos descalzamos: mis pies hinchados me dejan ver las huellas de las chanclas y tu olor cerrado a calcetines y zapatillas de deportes es liberado ante nuestras narices, entre nuestros olfatos. El aire frío consigue espantar los moscos de nuestras cabezas y tobillos, respiramos hondo con entera satisfacción: Recién llegados al paraíso!

Cuatro somos, pues, los que vamos a compartir el lecho; cada cual ya sabe su posición arriba y abajo, dentro y fuera, a estas jodidas horas, en la Casa Morada. Territorio planta baja pertenece a las manchas color café, por acuerdo después de la Segunda Pelea por la dominación del Territorio. Las cortinas ondean por la falsa brisa de la máquina con aspas: a dos calles de la playa no se mueve ni un pelo. Me unto harina entre mis pliegues, sobre todo entre mis mamas crecidas. Tu pito está rozado, casi permanentemente, como tu culo que parece el de un mandril, plagados como estamos de granitos y heridas varias, nos embadurnamos; no sin antes poner una toalla para custodiar las sábanas de la cama de tu yaya, que están llenas de pelos de perros, a pesar del protector, pues como tú, ellos tampoco me hacen ni caso, y se tumban-estiran donde quieren.

Te explico lo de hacer pis en el orinal, te meas de la risa encima de mí, y no paras de saltar por encima de los cuerpos de tus hermanos, molestando el comienzo de su siesta, ellos ya cierran los ojos…Para poder dormir hay que cerrar los ojos, ¿recuerdas?…Pero tú estás tirándolo todo a tu alrededor, festejando este pequeño invierno veracruzano: abalorios, conchitas, monedas; abres y cierras el closet, y sacas la ropa y la esparces, y la estiras y la arrugas, corres alrededor de la cama para que te persiga, hasta agotarme. Entonces respiras hondo, me señalas tus pies, encoges el labio inferior, me coges de las manos y me las guías para hacerte caricias por tu tripa, por tus genitales, nos acariciamos las uñas, las plantas, los codos, nos besamos las palmas y cruzamos nuestros dedos hasta quedarte exhausto. Al fin, caído, te repaso el flequillo desigual y te tapo el culo con la toalla, para dejarlo respirar por unas horas.

Comienzo entonces con un párrafo olvidado en alguno de los libros de la mesilla de noche.

Son los que leo mientras tus sueños, y mis recuerdos a lo lejos.