Almas atormentadas
4552
post-template,post-template-elementor_theme,single,single-post,postid-4552,single-format-standard,bridge-core-3.0.1,qodef-qi--no-touch,qi-addons-for-elementor-1.5.1,qode-page-transition-enabled,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-content-sidebar-responsive,transparent_content,qode-overridden-elementors-fonts,qode-theme-ver-28.5,qode-theme-bridge,disabled_footer_bottom,qode_advanced_footer_responsive_768,elementor-beta,wpb-js-composer js-comp-ver-6.7.0,vc_responsive,elementor-default,elementor-kit-4674
 

Almas atormentadas

¿Cómo reconocerlas?

Agitadas, cada segundo,

2 almas se encuentran y comparten sus heridas.

Se entregan por completo al instante… y se retroalimentan.


Crecen juntas, comparten su helado.

Dos caras oscuras de la luna

por los caminos de Dios, acompañándose por las carreteras,

pares haciendo autostop por el desierto,

surfeando el mar, montaña arriba.

Descansan en diferentes refugios:

2 almas errantes, 2 espíritus libres,

2 herramientas mutiladas, borrachas…

2 almas idénticas,

suicidas. 2 almas rechazadas.

2 ovejas negras. Sin saberlo.

Atormentadas,

cada cual con sus propias miserias,

miedos y migajas de pan en las mochilas.

NÓMADAS,

2 almas inquietas

como los gorriones sobre las sobras de las mesas…

Un día aparecieron por la puerta de mi casa.

2 almas vecinas.

Todo un recorrido

360 grados alrededor del mundo,

girando como peonzas por separado,

alrededor de núcleos alejados

por océanos de agua salada,

que ya hace muchos siglos se habían encontrado,

nos chocamos cada día,

como por azar,

alrededor de la fuente de agua dulce,

en la plaza.

O en el supermercado.

Nos atraemos una alrededor de la otra,

espejos deslumbrados,

disfrutando de la proximidad de un mismo barrio.

La una para la otra,

cultivamos esta amistad,

como si fuera poco.

 

*»Saludo la libertad de aquella,

yo, la más cobarde».

(De Chantal Maillard en La compasión difícil).

 

Me reconstruyes desde los cimientos,

cuesta arriba y cuesta abajo, contigo me reconozco.

Si.

Nos visitan tempestades como Nortes,

según la estación,

entran sin permiso por la puerta de nuestras cocinas,

se instalan entre nosotras,

períodos más o menos frecuentes,

nos remueven.

Viento que sacude nuestras mesas,

agita las puertas y tira toda la comida al suelo,

provocando peleas frecuentes

frente a los muros de nuestras casas.

Portazos y gritos.

Escuchamos nuestra Ira,

de dentro hacia fuera.

Y de fuera hacia dentro.

La mar contra los acantilados del Norte

asfixiando a los peces,

que luego se comerán las gaviotas.

Llenando de algas las playas, derribando todo a su paso:

Ya está.

No Comments

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: