Perra

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XCH ´UUPUL PEEK

Cuando entró en aquel ascensor, un suspiro ajeno iluminó un semáforo. Ya había estado en aquel lugar, antes…¿deja vu?

Otro ciclo de su lavadora.

Agachó sus orejas, se miró sus botas limpias, encendió su ordenador. No quedaba ya ni rastro del barro del camino, ni de huellas en un par de suelas lisas. Eran otras estas botas, también usadas. Otros estos olores; encerrados, edulcorados. Añoraba el de los excrementos de sus animales. Aterrizó la mirada como tratando de olvidarse de todos ellos. Se puso a mover el ratón de pantalla en pantalla. No estaba sola. De carpeta en carpeta, de documento en documento, a un ritmo adecuado, como encendiendo la máquina de vapor.

La luz era artificial, los árboles habían sido talados hacía más de cien años. El cuarto de baño tenía un secador de manos y encima del wc colgaban unas cajitas con compresas y tampones, porque aquellas eran las plantas artificiales para las mujeres como ella. Los jefes ocupaban los niveles superiores, a partir de la tercera. Pocas personas sabían nombrarla, nadie la reconocía y sin embargo le saludaban a la entrada y a la salida, por los pasillos, en los ascensores, con aquella sonrisa triste, marca registrada de la casa, un paréntesis boca abajo, la firma en el credo, encima de cada puerta:

Buenos días, ¿qué tal todo?

Genial. ( (

No encontraba las palabras y aquel era el logotipo. De nuevo muda; disfrazada con medias de lycra y un flequillo ochentero, aún más vieja y más culpable, como si cada fracaso hubiera podido haber sido un éxito, como si cada vez que lo intentó, menos mal que lo intentaron, en cada encrucijada, sus elecciones, sus direcciones, obligatoriamente les hubieran llevado a este destino podrido, qué mala suerte!, como si cada vez que se creyeron libres de soñar y dibujar su vida, no hubieran más que emborronado el lienzo, y lo hubieran olvidado en cualquier casa prestada, comenzó su jornada de trabajo forzoso, forzado, arrepentida y asqueada, con náuseas, como si a la salida de aquellas horas tiradas junto con el papel de los árboles talados, las manzanas de los viernes mordisqueadas, junto con los clinex empapados de lágrimas secas, fuera de aquel laberinto, cuando anocheciera lejos, hubiera senderos libres, como si los fines de semana fueran suficiente, qué buena suerte!, su madre le repetía: Al menos no pasas frío. Y una compañera, en voz baja, le susurraba: Son habas contadas…

Respiró, respiró y respiró, para ensanchar sus pulmones, para concentrarse, para sobrevivir. Todos los demás ojos de repente se fijaron en su flequillo, por encima de las divisiones. Los cristales de todas las ventanas estaban blindados, para evitar accidentes, los recorrió todos ellos, como a la fuga. El aire acondicionado entraba en aquella estancia a través de unos conductos entre plantas artificiales, jerárquicamente distribuidos, a través de unas rejillas en el techo. No era suficiente para todas ellas, el más puro era primero para las plantas superiores, para fomentar brillantes ideas en las mentes de los jefes. Dependiendo de cuántos estuvieran de vacaciones, descendía más o menos, obligado por ventiladores, hacia las plantas de la tercera a la primera, ya completamente contaminado… ¿Cuántas de ellas eran conscientes y le acusaban de estar robando?, ¿cuántas odiaban los flequillos? y? ¿cuántas aprovechaban cualquier suceso excepcional para apartar la mirada de sus pantallas?, lo sabremos en otro post.

El corazón le latía con fuerza y le exigía cada vez más, haciendo así que el oxígeno se desvaneciera en sus pulmones de manera efervescente, otra vez aquel hormigueo en manos y pies, aviso de lo que luego le sucedería, pero como era la primera vez …

Concretamente Ella, ¿lo sabía?, ¿O no lo sabía.? Otra vez perdería el control de sí misma. Y si esto le sucedía, podría tener consecuencias negativas, que no lo serían tanto, al final de la partida. Pero como no hemos llegado… Ella pelea con su ansiedad. Sí, sucesos repetidos, repetitivos. Ya les habían sucedido, sin querer queriendo. Toda esta narración, la encontramos antes, lineal, en otros cuadernos. Sin saberlo, como reitero, sucedía en cada ciclo, no paraba de suceder, cada día con más energía, con más fuerza, con más pasión, con más locura, como inevitablemente. Consiguió levantar la vista por encima de las miradas y localizar a una de sus compañeras, y apoyó sus ojos en unos ojos amigos. Buscó desesperada un espejo amable con quien jugar con los borrones del lienzo abandonado, a dibujar sonrisas boca arriba. SOS ¿allí no?, consiguió articular unas palabras precisas: Me voy a caer al suelo, e imprecisas:

¿perras?.


 

 

 

 

 

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