PLACERES DE UNA VIDA TRANQUILA

ABRIR LAS VENTANAS

5- No cualquier día.

Abrir las ventanas para que entre el fresco cuando acaba de llover y aún no ha salido el sol.

Cuando aún no han llegado los nortes, pero están previstos; son apenas instantes infrecuentes en los que las libélulas llegan a beber de los charcos formados encima del tejado de la imprenta, y las palomas, y los tordos, se bañan, sumergen sus cabezas y se salpican.

TORDO

Son suspiros en movimiento difíciles de congelar.

Los motores de los climas se apagan, se detienen solos, y las ramas de los árboles nos hacen de ventiladores, a ratitos, la temperatura es amable, nos sonríe sin dientes, y dejamos de consumir energía eléctrica, le devolvemos la sonrisa con dientes… (pues no están los tiempos para las facturas que nos llegan).

Gozamos como las aves, gorgojeamos encima de las palmeras.

Observamos el vaivén de las ardillas por encima de los cables del teléfono, cómo se detienen en los almendros hasta escoger la fruta roja, muerden lo mejor y desechan a su antojo, arrojando y amontonando la basura de las calles rotas por las raíces frondosas de los árboles interiores.

Nos detenemos junto a ellas, sin que se den cuenta, nos asomamos por las ventanas.

Pronto será la época de la caída del zapote; con el próximo norte nos golpearán sus primeros frutos, y así habremos cumplido nuestro primer ciclo; nuevos sedentarios en otro lugar del mundo, otra vez en blanco y negro. Pero antes de que maduren, caigan al patio y ensucien el pasto, porque son zapotes negros, y antes de que nos los bebamos en agua azucarada, el cielo blanco se tornará azul, de aquí a nada, antes de que termine este post, las gotas de agua se evaporarán del pavimento, de las hojas, de los tejados, la humedad se tornará sudor y escurrirá por las cañerías y por nuestros brazos. Y aquel tordo por fin se comerá el gusano, y los climas se encenderán solos, automáticos.

Yo me daré una ducha para aliviar mi cuerpo, cerraré las cortinas, me olvidaré de las ardillas, por un lapso los perros dejarán de ladrar, y me comeré un esquite a la puerta del colegio, seguramente, mientras te esperamos.

Ahora me despido de la mariposa negra que entró en la casa hace apenas dos días, la que nos advirtió de la lluvia antes que los pronósticos de la NASA por internet, junto con las hormigas reinas, y me pierdo entre la marea y el estruendo de las calles del puerto. ¡Qué rica brisa, mamacita! Dice un dicho popular que no todo el campo es orégano. Y dice Isadora Duncan: “Si yo pudiera decirles en palabras lo que significa, no tendría ningún sentido el bailarlo”.

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