LA ESPERA

VERACRUZ SELVATICO

II

Habían cuestionado al primogénito, al Fernando de los Fernández, al que le tocó encabezar la lista de nombres diminutos con gafas, de los cinco hermanos y dos hermanas, al más mayor de los siete, al que nadie le osaba decir lo que pensaba, por orgulloso; al más borracho y al más frágil.

Pero, a decir verdad, sólo vieron el comienzo, la punta del iceberg, porque no hubo más indagaciones ni más preguntas, y ninguna colaboración. La experiencia no dio para más: juego sucio por la espalda con el fin de apartar a los curiosos, y Ellos, que dieron media vuelta con las sospechas, sin luchar.

Ellos.

Una vez hubieron merodeado por los talleres de producción y organizado sus espacios, tirado a la basura, décadas obsoletas, la podredumbre y espantado a las ratas, hicieron una redefinición de tareas, de horarios, de personal, y varias reuniones en las que explicaron los diagnósticos, y creyeron que se pusieron de acuerdo en los rumbos y en las acciones.

En los bolsillos vacíos de Ellos: todos los sueños a futuro, de prosperidad.

Una vez instalada la primera caja registradora en La esquina, programados los diferentes Departamentos a los que imputar correctamente los ingresos y gastos familiares, Fernando de los Fernández tuvo un día para pensar y desapareció del negocio, porque como es bien sabido, un hombre no puede hacer dos tareas a la vez.

No quiso…No pudo.

Esfumado como estuvo convocó a espaldas de los acusadores una Junta Extraordinaria donde los acusadores fueron los acusados, aquellas horas invisibles dieron para mucho.

“Nunca pensé que vinieras de tan lejos a hacerme una Auditoría”, Fernando molesto se dirigía así a su sobrino nieto, y a todos los asistentes, socios del negocio familiar. Fue en aquella Junta cuando le abrieron las puertas al Demonio con mayúscula, y a los demonios en pequeñito, y reabrieron con nuevos horarios. Luis sin vacilar, obtuvo su asiento de madera. Porque hasta aquel preciso momento, ninguno de los hermanos quiso tenerle cerca.

De todos ÉL, había sacado su tajadita.

 

 

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